Cloudflare, el escudo invisible de internet: qué hace, por qué se usa y qué ocurre cuando falla

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Bloqueos de LaLiga a direcciones IP compartidas de Cloudflare que afectan a páginas web legítimas en España.

Una empresa que casi nadie conoce y que sostiene medio internet

El 18 de noviembre de 2025, a las 11:20 UTC, empezaron a fallar a la vez ChatGPT, X, Shopify y Dropbox. Con ellos cayeron decenas de servicios más. Durante un rato, numerosas páginas de internet se llenaron de errores. La sospecha inicial —incluso dentro de la propia compañía responsable del apagón— fue que se trataba de un ciberataque de proporciones históricas. No lo era. El problema no estaba en ninguno de esos servicios. Estaba en un intermediario común por el que pasa buena parte del tráfico mundial de la red. La mayoría de los usuarios no podría nombrarlo, aunque dependa de él varias veces al día. Se llama Cloudflare.

En España, el nombre de Cloudflare también empezó a sonar por otro motivo, más doméstico. Desde comienzos de 2025, la batalla de LaLiga y las operadoras contra la piratería ha dejado un efecto colateral curioso. Miles de webs completamente legítimas —tiendas online, foros, hasta alguna aplicación de pádel— se han quedado sin servicio durante los bloqueos. Simplemente compartían infraestructura técnica con alguna web pirata. Y esa infraestructura, con frecuencia, es la de Cloudflare.

¿Cómo puede una empresa que casi nadie conoce resultar tan decisiva? La respuesta empieza por entender qué es exactamente y dónde se coloca en el mapa de internet.

¿Qué es Cloudflare y cómo funciona?

En términos técnicos, Cloudflare ofrece una red de distribución de contenidos (CDN) y funciona, además, como proxy inverso. Este intermediario se sitúa entre el visitante y el servidor real de una página web. Gestiona el tráfico DNS, termina la conexión cifrada (HTTPS) y filtra las peticiones antes de que lleguen a su destino final.

El papel del proxy inverso

Un proxy inverso es distinto de la VPN o el proxy que usa un usuario para ocultar su identidad. Aquí es el sitio web el que se esconde, no el visitante. Cuando escribes la dirección de una web protegida, tu navegador no se conecta directamente con el servidor de esa empresa. Se conecta con uno de los cientos de centros de datos de Cloudflare repartidos por el planeta. Ese nodo puede responder si tiene el contenido guardado en caché. Si no es así, reenvía la petición al servidor de origen, el ordenador real donde vive la web. Por eso Cloudflare no es una empresa de alojamiento tradicional: protege y acelera la web desde fuera. Cloudflare no sustituye la necesidad de elegir un buen proveedor de hosting, ya que el servidor de origen continúa siendo imprescindible. El dueño del servidor sigue siendo otro proveedor, normalmente invisible para el usuario final. El recorrido puede resumirse así:

Usuario → Cloudflare → servidor de la web

Esa posición intermedia tiene una consecuencia poco intuitiva. Muchas webs sin relación entre sí pueden compartir la misma dirección IP de Cloudflare. El visitante ve esa dirección, no la IP del servidor original. Esta idea será clave para entender tanto el bajo coste del servicio como algunos de sus problemas.

La imagen más sencilla es la de una ciudad protegida por un foso y una única puerta custodiada. Cloudflare detiene los ataques antes de que lleguen a las murallas reales —el servidor de origen— y oculta dónde están. El problema es que, cuando miles de sitios comparten esa entrada, un fallo en ella puede dejarlos a todos incomunicados a la vez.

Historia de Cloudflare: de cazar spam a construir una nube

Cloudflare nació de un proyecto mucho más modesto. En 2004, Matthew Prince y Lee Holloway crearon Project Honey Pot para rastrear de dónde procedía el spam. Miles de páginas web sembraban direcciones trampa para localizar a los responsables. El proyecto creció durante años, pero sus usuarios pedían siempre lo mismo: no solo identificar a los atacantes, también detenerlos.

Esa idea tomó forma de empresa en 2009, cuando Prince coincidió en Harvard con Michelle Zatlyn durante un MBA. Cloudflare se presentó públicamente en TechCrunch Disrupt en septiembre de 2010. Desde entonces ha ampliado el terreno: de la protección DDoS y la CDN pasó al DNS público y a los servicios "Zero Trust". Más recientemente, comenzó a ofrecer computación en la nube propia. Salió a bolsa en 2019. El resultado es una compañía que ya no solo protege páginas: sostiene una parte considerable de la infraestructura de internet.

Funciones de Cloudflare: CDN, seguridad, Turnstile y más

Las funciones de Cloudflare se agrupan, a grandes rasgos, en tres bloques, descritos con más detalle en su centro de aprendizaje.

El primero tiene que ver con el rendimiento. La CDN y el sistema de caché sirven contenido desde el centro de datos más cercano al usuario. A ello se suman la gestión de DNS, el balanceo de carga y la optimización automática de imágenes y otros recursos.

El segundo es la ciberseguridad, que fue la razón de ser original de la compañía. Incluye protección frente a ataques de denegación de servicio (DDoS), cortafuegos de aplicaciones, detección de bots, protección de APIs, certificados HTTPS y limitación de solicitudes. Aquí encaja también Turnstile, una alternativa al CAPTCHA que distingue a las personas de los bots mediante comprobaciones en segundo plano. Para empresas más grandes, Cloudflare ofrece servicios "Zero Trust" que protegen el acceso de los empleados a sistemas internos.

El tercer bloque reúne los servicios para usuarios y desarrolladores. Ahí están el DNS público 1.1.1.1 y la aplicación WARP para navegar de forma más privada. También incluye Workers para ejecutar programas, Pages para publicar webs y R2 como almacenamiento. A ellos se han añadido bases de datos y herramientas de inteligencia artificial.

Por qué tantas webs usan Cloudflare

Activar Cloudflare no exige reconstruir nada: basta con cambiar unos registros DNS para que el tráfico empiece a pasar por su red. A cambio, la web reduce la carga sobre su servidor y entrega el contenido más rápido. También absorbe ataques que un negocio pequeño jamás podría soportar por sí solo y oculta la dirección del servidor frente a posibles atacantes. Todo esto, además, con un plan gratuito que ya resulta útil para la mayoría de webs personales o pequeñas.

Hay una razón adicional, menos visible. Cuantas más webs pasan por Cloudflare, más tráfico observa la compañía y mejor reconoce los patrones de ataque. Aquí aparece la paradoja central del artículo. El efecto de red mejora la detección de amenazas, pero concentra una porción enorme del tráfico mundial en una sola empresa. Cada cliente queda mejor protegido individualmente. Al mismo tiempo, crece el riesgo colectivo si algo sale mal en el centro.

Cloudflare y LaLiga: el pulso por los bloqueos de IP en España

Ese riesgo colectivo tiene, en España, un capítulo muy concreto. Algunas páginas que retransmiten fútbol de forma ilegal usan Cloudflare porque su proxy oculta el servidor de origen y dificulta identificarlas. LaLiga y Telefónica obtuvieron autorización judicial para aplicar bloqueos dinámicos de direcciones IP antes y durante los partidos. Su objetivo es cortar en tiempo real el acceso a las retransmisiones piratas. El problema es que muchas direcciones IP no pertenecen en exclusiva a la web infractora. Por el propio diseño de Cloudflare, pueden compartirlas cientos o miles de webs legítimas. Bloquear la IP significa bloquearlas a todas.

Expertos y afectados denuncian daños colaterales desde comienzos de 2025. Algunas tiendas online pierden ventas y ciertas aplicaciones dejan de funcionar durante los partidos. Como resumió un experto en ciberseguridad citado por la prensa española: matar moscas a cañonazos.

LaLiga, por su parte, sostiene que Cloudflare es una pieza clave para las mafias de la piratería deportiva. Asegura que se lucra indirectamente y que no colabora lo suficiente para impedir esas retransmisiones. Cloudflare, a su vez, acusa a LaLiga de aplicar un sobrebloqueo desproporcionado y trasladó el conflicto a los tribunales. La disputa ha seguido escalando durante 2026. El episodio muestra que un escudo puede acabar decidiendo, por acción propia o por una orden externa, quién permanece accesible.

Las caídas de Cloudflare en 2025: qué pasó el 18 de noviembre y el 5 de diciembre

El 18 de noviembre de 2025 no fue, como se temió al principio, un ataque. Según el informe técnico de Cloudflare, todo empezó con un cambio rutinario en los permisos de una base de datos interna. La modificación buscaba mejorar la seguridad de las consultas. Sin embargo, hizo que un archivo usado por el sistema de detección de bots empezara a duplicar sus filas. El archivo se regeneraba cada pocos minutos y se distribuía a toda la red mundial. Pronto superó un límite de tamaño programado en el software. El programa que enruta el tráfico no pudo procesarlo y comenzó a devolver errores.

Como el archivo defectuoso se regeneraba cada cinco minutos, el sistema fallaba y se recuperaba de forma intermitente. Ese comportamiento errático llevó al propio equipo de Cloudflare a sospechar inicialmente un ataque de denegación de servicio a gran escala.

El tráfico principal volvió a fluir con normalidad hacia las 14:30. A las 17:06, Cloudflare dio por completamente resuelta la incidencia. Turnstile también se vio arrastrada. Al fallar, algunos administradores no podían iniciar sesión en el panel de control para intentar arreglar sus propias webs.

Un segundo fallo y varios antecedentes

Apenas tres semanas más tarde, el 5 de diciembre de 2025, Cloudflare sufrió una segunda caída. Fue más breve —unos 25 minutos—, pero afectó aproximadamente al 28% del tráfico HTTP servido por su red. El mensaje quedó claro: noviembre no había sido un episodio aislado.

Había, además, antecedentes. En 2019, una regla defectuosa del cortafuegos agotó los procesadores de la red mundial. En 2022, un cambio de configuración dejó fuera de servicio varios centros de datos. El patrón se repite: no hace falta un atacante externo; basta con un error interno que se propague demasiado rápido.

Code Orange: el plan de Cloudflare para fallar mejor

Tras esos dos incidentes, Cloudflare declaró internamente un "Code Orange" y bautizó su plan de resiliencia como "Fail Small". La respuesta se concentró en desplegar los cambios de forma gradual y aislar mejor los fallos. También buscó eliminar las dependencias circulares que habían dificultado la recuperación. El plan no hace imposibles futuras caídas. Sí muestra una práctica valiosa: reconocer el fallo, explicar qué se rompió y detallar cómo se intentará contener la próxima incidencia.

Los riesgos que quedan

Las caídas globales son el riesgo más visible, pero no el único. Aunque el servidor de origen funcione, la web puede quedar inaccesible si falla el intermediario o si una de sus IP queda bloqueada. Cuantos más servicios de Cloudflare adopta una empresa, más difícil resulta sustituirlo. A cambio de seguridad y rendimiento, el cliente acepta depender de las reglas, los precios y las decisiones técnicas de un tercero. También le confía una posición privilegiada sobre su tráfico.

¿Vale la pena utilizar Cloudflare?

Depende de quién pregunte. Para una web pequeña o personal, normalmente sí: la protección gratuita aporta más de lo que cuesta en complejidad. Una empresa o un comercio electrónico también puede salir ganando, siempre que cuente con monitorización propia y un plan de contingencia. Un servicio verdaderamente crítico, en cambio, no debería depender ciegamente de un único proveedor. Las webs con usuarios en España deben considerar, además, el riesgo de los bloqueos durante las jornadas de fútbol.

En conjunto, Cloudflare suele merecer la pena porque reduce riesgos frecuentes como los ataques, la lentitud y la saturación del tráfico. A cambio, introduce otros menos habituales pero potencialmente más amplios: dependencia de un tercero, concentración y pérdida de control. Esta última solo se hace evidente el día en que el escudo, por un instante, deja de funcionar.

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